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Por qué sufro ansiedad

Seguramente, en algún momento de nuestra vida nos preguntamos por qué sufro de ansiedad, sensación que todos hemos experimentado, posiblemente, más de una vez.

Si recuerdas, la sensación de ansiedad nos hace sentir amenaza, angustia, sudoración, miedo, pálpitos, pensamientos negativos y sensación de irrealidad, entre otros, lo cual es incómodo, nos altera y nos lleva a tener miedo al futuro.

La ansiedad nos genera mil interrogantes: ¿de qué voy a vivir más adelante?, ¿tendré trabajo en el futuro?, ¿voy a estar siempre con mi pareja?, ¿voy a quedarme solo?, ¿qué será de la vida de mis hijos?, inclusive, pensamientos sobre la muerte. Son interrogantes ligados a nuestros miedos.

Un sistema basado en el miedo

Todos esos miedos han sido trasmitidos desde nuestra niñez, pues estamos inmersos en una sociedad que tomó la crianza con un sistema basado en el miedo. Basta recordar cómo desde pequeños sentíamos constantemente amenazas, enjuiciamientos, castigos y comparaciones en diversas situaciones; por ejemplo, cuando no sacábamos buenas notas en la escuela o cuando no hacíamos las cosas según el criterio de nuestros padres (el oficio de la casa, tender la cama, cuidar a nuestros hermanos, estar pendiente de la mascota, etc.)

Así íbamos día a día, identificándonos con el miedo. Lo curiosos es que hoy seguimos alimentando ese monstruo que nos paraliza y que nos muestra nuestras partes no sanadas de la infancia. ¿Para qué? Para transmutarlo en amor, pues enfrentar los miedos es la única forma de liberarnos.

Es clave reconocer que no existe, que solo es una invención de nuestra mente. Si creo que la vida es amenazante voy a perdurar y vivir en él, pues simplemente vamos a vivir una vida de sumisión, dolor y sufrimiento.

El miedo nos lleva a percibir una realidad falsa y a querer tener todo controlado; por eso, el cambio nos da pánico. Veamos algunos ejemplos.

  • Si no me siento bien en el trabajo, hago todo lo posible por conservarlo: me humillo y me someto, pensando que es una situación estable; pero es mentira porque vivo con la ansiedad de que me despidan en cualquier momento. Hasta que realmente pasa.
  • Controlo tanto a mi pareja porque tengo miedo de perderla hasta que la vida me pone la experiencia de quedarme solo.
  • Controlo tanto el deseo de que mi hijo sea un profesional, que desde que él es pequeño vivo pensando en el ahorro. Por eso, dejo de vivir y de experimentar otras cosas. Con el tiempo, mi hijo crece y resulta que no va a la universidad (esto puede suceder por diversos motivos).

La vida nos lleva tarde o temprano a aprender a soltar, a confiar y a enfrentar nuestros miedos y a crear el mundo que realmente deseamos; a aprender a decir no, a no aceptar tantas situaciones que no deseamos vivir; a dejar de complacer por miedo y dejar de vivir en las memorias del pasado y en la angustia del futuro, y a saber que nada es bueno ni malo, que todas las experiencias de nuestra vida debemos aprenderlas a vivir desde la neutralidad para dimensionar mi verdadera grandeza.

En últimas, a cambiar el miedo por amor. Ese sentimiento que sí es real y que nos lleva a identificarnos con los seres creadores, conscientes y llenos de luz. Porque si reconozco que vivo planificando cada segundo de mi vida y me abro a aceptar los cambios (lo cuales me llevan a fortalecerme), me sentiré pleno y feliz en mi vida.

Retomando el ejemplo del empleo, si he de quedarme sin ese trabajo, puedo experimentar la creación de mi ser y dedicarme a ese don o talento que tanto me emociona. De esta forma, el día a día va a estar impregnado de la energía del amor, no del miedo; mi vida va a fluir, pues no pongo resistencia.

Todas las situaciones adversas las tendemos a ver como fracaso, porque la mente lo juzga así. En realidad, las adversidades, los errores y las caídas son experiencias que nos pone la vida dado que eso es a lo que le tengo tanto miedo. Si las enfrento, es lo que me va a liberar, me va a sanar y me va a llenar de poder para cumplir mis sueños, que son los que me dicta mi corazón y que me inundan de alegría, de energía y de paz. 

Por eso, vale la pena darnos un tiempo de reflexión auténtica y preguntarnos: ¿cuáles son mis sueños? ¿Qué hace falta para alcanzarlos?

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Martha Lucina Hernández,
creadora de Pedagogía Sana

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