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Cómo apoyar las tareas escolares

Después de la jornada escolar, muchos niños y jóvenes llegan a sus hogares para continuar con la realización de las tareas o deberes escolares. Conoce cómo apoyar las tareas escolares, para que no sean motivo de angustia, desmotivación y fatiga.

¿Cómo actuar frente a las tareas escolares?

Infortunadamente, en este aspecto muchas instituciones educativas no tienen políticas claras. Si bien es cierto que es importante una continuidad de los procesos trabajados en el colegio, esto no significa que se lleve a tal punto que dichos deberes sean motivo de angustia, desmotivación y fatiga; en muchas ocasiones, la cantidad de tareas es tan excesiva que el total de tiempo dedicado excede, incluso, el que dedican los adultos a una jornada laboral. Es el caso de los estudiantes que llegan a casa y deben continuar con las tareas hasta avanzadas horas de la noche.

Esa situación también se traslada a los fines de semana, por lo que muchos hijos no pueden dedicar tiempo a otras actividades que son de su gusto.

Los padres igualmente se quejan argumentando que muchas veces los momentos de encuentro familiar se reducen sustancialmente por la saturación de deberes escolares; además, por cuenta de la cantidad o dificultad de las tareas se generan situaciones de ansiedad y discordia que quebrantan el vínculo con los hijos.

La anterior situación se puede tornar más compleja si se trata de hijos que presentan una condición que les impide generar con mayor facilidad sus respuestas de aprendizaje, por ejemplo, porque tienen un déficit de atención, un problema de aprendizaje como dislexia o discalculia y otras condiciones como la ansiedad. Por eso, resulta importante conocer a profundidad las características particulares de aprendizaje de los hijos para poderlos ayudar y para que los momentos de las tareas no se conviertan en un aspecto que afecte la salud mental y, por supuesto, la tranquilidad de los hijos y de la familia.

Forjar en ellos la responsabilidad es muy importante, pero también es clave permitirles espacios en los que puedan fluir con sus gustos y motivaciones.

Pautas

A continuación, algunas pautas para apoyar el desarrollo de las tareas escolares de los hijos.

  • Abordar las actividades y la relación con los hijos de la manera más tranquila posible. Tener en cuenta que comprender la situación de los hijos frente a las tareas no significa que victimicemos el momento de su realización. En este sentido, mostrar que la tarea escolar es una oportunidad para afianzar procesos y conceptos. Por eso, resulta importante animarlos y hacerlos sentir capaces. Para esto, se recomienda acudir a expresiones motivadoras que resten peso a la extensión y a la dificultad de la tarea y que, alienten a su realización. “Sé que te dejaron muchas tareas, pero también sé que puedes hacerlas. Así que vas a organizar tu tiempo y prioridades para que las termines oportunamente”.
  • Del punto anterior se desprende que es clave ayudarlo en la organización, mientras el hijo adquiere el hábito y las tácticas que favorezcan la eficiencia. Entre otros, se le debe brindar pautas sencillas de la planeación y la organización como verificar que antes de iniciar el desarrollo de las tareas cuente con los elementos necesarios (útiles, libros, cuadernos, etc.) para que no tengan interrupciones, con la que pierden la atención. Según esto, los hijos deben saber que existe un ciclo, el cual debe cumplirse en su totalidad, es decir, existe un inicio, un desarrollo y un final de cada actividad o meta.
  • Procurar abordar las tareas desde un contexto creativo. Por ejemplo, si debe averiguar sobre los romanos no quedarnos con la información de la guía o del libro, pues puede ser poco alentador. Puede resultar muy agradable y motivador utilizar otros medios como una película, un cuento o un video que podamos ver con el hijo y que favorezcan la comprensión y la profundización.
  • Brindar espacios en los encuentros familiares para que los hijos puedan conversar sobre las temáticas de las tareas. Para los hijos puede resultar interesante y de gran motivación comentar en el contexto familiar estos temas y que sepan que sus padres se interesan por su aprendizaje. Uno de esos espacios es la hora de la cena. Allí se pueden plantear preguntas para que los hijos comenten sobre las temáticas vistas. Como padres, debemos guiar la conversación para que se desarrolle de forma agradable e interesante y aprovechar, incluso, para expresar nuestra opinión.
  • Es importante llevar las temáticas a un contexto cotidiano. Por ejemplo, si vieron el tema de los números racionales, acercarlos al concepto y que lo aprendido se pueda extrapolar a lo cotidiano con juegos, recetas de cocina y actividades que dinamicen este aprendizaje.
  • Asegurarnos de que los hijos entiendan las instrucciones antes de ejecutar la actividad, pues muchas veces no pueden desarrollar las tareas, las hacen mal o pierden mucho tiempo sencillamente porque no entendieron la instrucción.
  • Felicitarlos y motivarlos cuando se vea interés o un cambio de actitud positivo.
  • Cuando se presenta un contexto familiar en el que los padres llegan muy tarde o se les dificulta generar un vínculo tranquilo, respetuoso y tolerante es preferible que, si tienen la oportunidad, puedan contar con el apoyo de otra persona para que oriente a los hijos con tranquilidad. De esta forma, no se rompe el vínculo con los hijos y se pueden acercar a ellos de manera armónica con otros temas motivantes y agradables de su vida.

Si se presenta algún interferente en el aprendizaje, resulta indispensable conocer las condiciones de específicas de nuestros hijos. Lo cual implica necesariamente vincularnos con ellos desde el respeto, el conocimiento y la comprensión de su condición. Veamos algunos ejemplos.

  • Si nuestro hijo presenta un déficit de atención, sabemos que le va a costar concentrarse, que no se va a motivar al realizar las tareas relacionadas con atención sostenida, que le va a costar seguir instrucciones y que tendrá problemas para organizar su pensamiento al estructurar escritos, entre otros. En este caso, es importante abordarlo desde su condición, por lo que se recomienda, entre otros:
    • Generarles mucha confianza.
    • Permitirles descansos periódicos, por ejemplo, tomar pausas de 10 minutos por cada 40 minutos de trabajo.
    • Ayudarles a contar con un ambiente muy organizado, que evite las distracciones y romper los ciclos.
    • Reconocer con frases de felicitación, los momentos en que el niño ha estado concentrado.
  • ​Si el niño tiene una dislexia, una disgrafía o una discalculia el aprendizaje de la lectura y de los conceptos matemáticos le causarán gran desmotivación y frustración. Por eso, se recomienda, entre otros:
    • Brindarles un ambiente tranquilo, respetuoso, tolerante y paciente, pues como se dijo para ellos la lectura y la escritura generan mucha ansiedad.
    • Dado que se fatigan fácilmente, es recomendable que las actividades de lectura y escritura sean cortas, según la edad. (Para profundizar sobre esta condición, ver los videos Cómo apoyar a mi hijo con dislexia, partes 1 y 2)
  • ​Si presenta un trastorno de ansiedad y de inflexibilidad mental, debemos tener claro que el hijo tiende a no aceptar fácilmente las explicaciones, pues considera que los demás (como los padres) no saben. En estos casos, lo más importante es generar vínculos estrechos con ellos y mostrar gran autocontrol frente a las actitudes de rechazo que ellos suelen tener. Esto significa que debemos evitar “bajarnos” al nivel de inmadurez del niño.
  • En el caso de los hijos que presentan una superdotación es común que riñan con las temáticas del colegio, pues las consideran muy simples; igual, se desmotivan con las tareas, pues no le encuentran sentido, sobre todo, las memorísticas y las mecánicas. Si el niño tiene superdotación es importante permitirle el cuestionamiento para que profundice; bridarle herramientas de canalización de sus intereses como libros, juegos, documentales y, de ser posible, alternativas culturales, como el teatro y los museos.
  • Muchos niños con problemas de aprendizaje sufren de fatiga. Es bueno que puedan descansar cuando lleguen del colegio; pueden hacer una siesta, no mayor de media hora, pues el cerebro pierde disposición.
  • Si tiene impulsividad, anticiparle la conducta. Ejemplo: “hijo, te vas a sentar a realizar la actividad. Recuerda planear y organizar tu pensamiento y luego ejecutar”.

Cuando nos encontramos frente a un niño que presenta alguna de las condiciones mencionadas (déficit de atención, problemas de aprendizaje, ansiedad, trastorno de conducta, superdotación) resulta clave tener en cuenta que existen muchas condiciones afectivas, cognitivas y expresivas que interfieren en su desarrollo y que influyen para que no sean proactivos a la hora de atender las diversas responsabilidades como las tareas escolares.

En estos casos, Pedagogía Sana se convierte en una alternativa de apoyo y orientación para padres, docentes y niños, pues lo clave no es la realización de una tarea (esto es lo menos importante) sino las raíces que subyacen en las diversas dificultades que impiden que los hijos (y de paso las familias) puedan llevar una vida armónica, feliz y plena, en la que la etapa escolar deje de ser una carga. Hoy son las tareas escolares, mañana será el contexto universitario y luego, el laboral y el proyecto de vida.

Martha Lucina Hernández,
creadora de Pedagogía Sana.

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