Los niños neurodivergentes

Los niños neurodivergentes

 

¿Qué es la neurodivergencia?

Para empezar, recordemos que cuando hablamos de un niño neurodivergente nos referimos a todos aquellos que procesan, se comunica o se comportan de forma distinta a lo que la sociedad considera estándar. En este rango se encuentran quienes presentan autismo, déficit de atención, alta sensibilidad o los mal llamados “problemas de aprendizaje” como la dislexia o la discalculia.

Esto quiere decir que no cabe catalogarlos como enfermos, ni trastornados, ni raros. Sencillamente, vienen con un ADN más evolucionado y, por lo tanto, el funcionamiento y procesamiento de su cerebro es diferente.

¿Cuáles son las características de los niños neurodivergentes?

En primer lugar, la mayoría de estos niños y jóvenes tienen una alta sensibilidad. Por esta razón, pueden verse afectados por el ruido, las luces, las multitudes, las texturas e, incluso, los sabores. Igualmente, muchos de ellos perciben las energías de los lugares y de las personas. Por eso, muchas veces, rechazan sitios o personas sin razón aparente.

En segundo lugar, aprenden de forma diferente. Por eso, no soportan la Escuela tradicional. Ellos no están preparados para quedarse quietos durante 8 horas diarias y ser pasivos en el aprendizaje. Por el contrario, requieren de experiencias, ritmos y novedad en el aprendizaje.

En tercer lugar, se caracterizan por su alta creatividad, autonomía, autenticidad y gran pasión por lo que les gusta. Muchos de ellos, manejan lo que se llama el hiperfoco, es decir, una alta concentración en lo que les apasiona.

¿Cuál es el papel de los niños neurodivergentes?

Estos niños construyen y se construyen desde el amor. ¿Qué quiere decir esto? Su sensibilidad es tan profunda que desean que sus experiencias de vida les generen alegría, paz y diversión. En el mismo sentido, desean ser tratados con respeto, dulzura y amor.

Son seres que sienten tanto que sufren si se encuentran en un ambiente caótico, lleno de dureza, inflexibilidad, rigidez y restricción. 

Por otra parte, están inmersos en contextos de mayor grado de consciencia. Por eso, muchas veces no logramos contactarnos emocionalmente con ellos.

Por ejemplo, imagina que lo sientes desmotivado, triste o enojado. Una forma de verlo desde un contexto pequeño, sería si nos centramos en aspectos como: 

  • Lo lamento, no pudiste salir al parque. 
  • No fue tu mejor amigo a la escuela, ¿cierto?

Estas son situaciones que efectivamente lo pueden impactar, pero en su interior te aseguro que tienen un alma vieja en un cuerpo pequeño. En realidad, ellos están pensando en problemáticas mayores. Por ejemplo:

  • Esta educación no me aporta nada.
  • Las personas no cuidan la naturaleza.
  • Hay mucho caos del mundo.
  • La convivencia en mi hogar no es armoniosa.

El hecho de que no puedan alzar su voz y no sean escuchados, no significa que no estén pensando en su futuro.

Esto porque lo que realmente desean es ver un entorno equilibrado que nutra, escuche, comprenda y, sobre todo, observe que, desde su postura de niño, pueden ofrecer mucho, pues son maestros de amor y equilibrio.

Martha Lucina Hernández
creadora de Pedagogía Sana

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