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Aprendamos de la sabiduría de los niños en estas crisis

Llegó la hora de que aprendamos de la sabiduría de los niños en estas crisis. Es hora de que como humanidad reconozcamos que nos hemos olvidado de ser niños.

Así es, nos hemos apartado de nuestra verdadera esencia, nos hemos olvidamos de jugar, nos volvimos duros de mente y de corazón, nos molesta y tememos a la libertad, a la espontaneidad y al qué dirán.

Esa inocencia y pureza infantil con la que nacimos se vio encapsulada por esa cantidad de capas de cebolla que nos ponemos encima para aparentar ser un adulto perfecto. Pero, en realidad, dentro solo hay un niño resentido, vacío y lleno de dolor.

Qué bien que la vida nos haya puesto esta pausa, pues la podemos aprovechar para conectarnos con ese “niñito” (que eres tú) que quiere salir de ese “búnker” y renacer.

¿Y quiénes nos ayudarán a purificarnos y a mostrarnos el camino? Pues nuestros propios niños, que con toda la sabiduría nos están indicando cómo llevar este momento álgido desde la calma, la paz, la armonía y la felicidad.

Ellos no entran en pánico, no reniegan el momento (a no ser que como adultos los llevemos allí), pues lo aceptan y lo dejan fluir. Desde su sabiduría, no ponen resistencia porque viven conectados con su corazón, con su ser. Eso que a nosotros se nos olvidó.

De tanto ser “cabeza” y de tanto proyectar nuestras creencias limitantes, nos convertimos en robots autómatas y vacíos, que no sabemos gozar de la simplicidad y del verdadero sentido de la vida.

Los niños muestran su pureza y viven este caos desde su libertad. Por eso, son ellos los que nos muestran la calma, los que nos indican cómo debemos parar este ritmo desenfrenado para darnos un espacio de conexión y de diversión con ellos y con nosotros mismos.

Al comprender que los niños, con su alta vibración, son los que verdaderamente están ayudando a que la frecuencia energética del planeta suba (pues solo muestran el mensaje del amor), comprenderemos que lo semejante atrae lo semejante y limpiaremos todo lo estancado.

Podemos poner este momento evolutivo a favor si elevamos nuestros espíritus (como el de nuestros niños), purificándolos con pensamientos positivos, armoniosos, de calma, de bendición y si soltamos los resentimientos, los enjuiciamientos, las codependencias, es decir, si revisamos nuestra forma de actuar y de pensar. Solo abrazándonos en el amor, el miedo y el temor se difuminará para dar paso a un verdadero renacer.

Martha Lucina Hernández,
creadora de Pedagogía Sana

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