Martha Lucina Hernández

Hola, soy Martha Lucina Hernández. Tengo estudios en terapia del lenguaje y la audición y en neuropsicopedagogía del aprendizaje. Llevo más de 25 años trabajando con niños, con jóvenes y con familias que presentan ciertos tipos de condiciones que se conjugan para impedir la estructuración de una vida feliz.

Autora de todos los artículos, mensajes y videos que publico semanalmente en www.pedagogiasana.com, YouTube, Facebook e Instagram. Conferencista alrededor de los diversos temas relacionados con las condiciones del desarrollo emocional, cognitivo y de aprendizaje de los niños y de los jóvenes. Mentora en el área de crecimiento personal y sanación interior. Asesora pedagógica.

Quisiera contarles acerca de mí

Nos enseñaron, desde niños, que nos definiéramos por situaciones externas: soy hija, soy esposa, soy profesional, etc. Pero si miramos nuestro interior y nos definimos desde nuestro ser, diría que soy una trascendencia del amor; me defino como un ser inmensamente amoroso, capaz de trasmitirlo y sanadora por naturaleza.

Soy una persona que ama profundamente: amo amar, amo compartir, amo la vida, amo el chocolate y amo infinitamente a los niños. Por esto he logrado sanar a cientos de niños, jóvenes y adultos, todos ellos con diversas condiciones como ansiedad, depresión, déficit de atención, trastorno obsesivo compulsivo, problemas de aprendizaje y autismo, entre otros.

Soy un ser que he podido hacer magia en el sentir de la vida de muchas personas, pues he sido un instrumento para que ellas hayan podido rescatar su esencia amorosa y su poder interno; estoy convencida de que todos somos seres de luz y que hemos venido a este mundo a brillar y abrazarnos en el inmenso poder del amor y así responsabilizarnos de nuestra vida.

Soy fuerza, soy pasión, soy risas, soy carcajadas, soy autencidad, soy creatividad, soy tolerancia, soy dedicación. Mi anhelo es que, desde mi propia construcción y sanación interior, pueda seguir evolucionando para seguir siendo un instrumento en el despertar de conciencia de las personas.

Soy un espíritu que busca, desde el amor, contagiar de amor al mundo y que las personas aprendan a ver con pasión, amor y grandiosidad extrema a los seres más sublimes: los niños.

Ahora, quiero contarles de dónde surgió Pedagogía Sana.

Mi familia estaba compuesta por mis padres y un hermano tres años mayor que yo. Cuando empecé a tener uso de razón vi cómo mis padres no tenían una relación sana, se notaban completamente desvinculados, como consecuencia, discutían mucho; entonces, comprendí que no había amor entre ellos.

Mi mamá tenía una relación de mucho control conmigo, es decir, de desamor. Por el contrario, veía en mi padre algo completamente distinto, él me brindaba apoyo, amor, comprensión y alegría.

Pronto pude ver que mis padres comenzaron a sufrir por mi hermano, debido a que él empezó a tener dificultades en su aprendizaje y de conducta. Todavía recuerdo cómo mi madre contaba que el primer día del colegio una maestra lo jaló de las orejas y los lastimó porque no escribió bien unas palabras y porque no prestó atención.

Mi hermano empezó, desde ese momento, un camino de sufrimiento y de dolor. Entre tanto, mis padres iniciaron una búsqueda de terapeutas, médicos, maestros, tratando de ver cómo podían, en palabras de ellos, “sacarlo adelante”.

Infortunadamente, también la comparación conmigo, a quien todo le fluía por lo que era la niña de mostrar en el colegio y en la familia, lo ahogó en más dolor. Yo sentía la tristeza de mi hermano que, cada vez más, se reflejaba en su rostro y, por supuesto, en el rechazo de la gente que consideraba sus amigos. Mi madre lo regañaba todo el tiempo y mi padre, con tal de protegerlo, le permitía todo en su conducta.

Cuando yo tenía 7 años, mi padre se enfermó de cáncer. Pude ver el descontrol de mi hermano; su tristeza era tan grande que se empezó a reflejar en su comportamiento. Se desencadenó en él una gran agresividad y cólera; además, adoptó comportamientos bastante raros.

Al llegar a los 10 años de edad, mi padre murió. El desborde de mi hermano fue mucho mayor. Veía cómo cada vez le costaba más aprender distintas cosas y asumir responsabilidades. Al iniciar el bachillerato, él cursó el sexto grado cuatro veces, mi madre lo cambiaba de colegio constantemente, suplicando ayuda en todos, pero sin encontrar una respuesta amorosa o asertiva.

Mientras más crecía, más grande era la frustración de mi madre por mi hermano y más fuerte era el odio hacia nosotros. Mi madre nos castigaba fuertemente y mi hermano, por supuesto, todo ese dolor lo sacaba conmigo: me empezó a maltratar de todas las formas posibles tanto física como emocionalmente.

Después de muchos intentos de buscar respuestas, mi madre, desesperada y al ver que él se le había salido de control, decidió internarlo en un colegio militar donde, sin duda, terminó de ahondar su dolor. Con el tiempo, y debido a sus lastimaduras internas, desarrolló una enfermedad mental.

A partir de todo ese sufrimiento, pude ver, después de los años, que la vida me había mostrado qué era convivir en un hogar disfuncional y entendí los efectos del desamor de una pareja y el impacto de todas sus frustraciones en la vida de sus hijos.

Tiempo después, pude ser consciente de que todo este sufrimiento hacía parte de algo más grande, que no era solo sufrir por sufrir. Cada uno de ellos (mi padre, mi madre y mi hermano) fueron grandes maestros, quienes me ayudaron a encontrar mi misión en la vida y así poder brindar al mundo ese don de amor y sanación.

Por eso, cuando estaba en la universidad pude sentir el sufrimiento de cada una de las familias con las que trataba y observar que ese sistema de terapias se basaban en el control, eran aburridas, monótonas y no tenían impacto sobre los niños.

Como consecuencia, cuando empecé a trabajar de manera independiente, tomé un enfoque muy distinto. Opté por un trabajo basado en el vínculo afectivo, en el rescate de la esencia de cada persona, en la flexibilidad, en la lúdica y en las relaciones espontáneas, auténticas, dinámicas y alegres, a través de la sanación interior. Por esto, no acudo a medicamentos, no utilizo evaluaciones estereotipadas, ni rotulaciones maltratadoras.

Todo esto enmarcado en un ambiente alejado del esquema del consultorio frío y calculador. Por eso el espacio donde trabajo es acogedor, es un lugar donde los chicos y padres se sienten como en casa.

Hoy, Pedagogía Sana es un movimiento de amor con el que he podido sanar a cientos de personas con distintas condiciones. Es una bella misión que está trascendiendo.

Martha Lucina Hernández López
Terapéuta del Lenguaje y la Audición
Estudios en Problemas del Aprendizaje, con un enfoque neuropedagógico
Registro para el ejercicio de la profesión 000872 de marzo 19 de 1992

Expedida por la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá y el Ministerio de Nacional de Salud de Colombia

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